Controlador de todo, eterna vida,
una dulce tentación permanente
que en todo momento estará en mente
de un capitalismo que nunca olvida.
Aunque él ya de nosotros se despida,
somos los controladores del fuego,
siempre querremos jugar a su juego,
siempre buscará el fin de la armonía,
fin de lo que anteriormente existía
y de todo lo que existirá luego.