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lunes, 1 de marzo de 2010

Sospechas inéditas. (Relato)

Hoy, hoy mismo es el día en el cual me dí cuenta del error, de mi error. Hace dos ciclos lunares me desaparecieron las joyas familiares, supe que alguien cercano a mí, muy cercano a mi había sido el autor del robo, algo muy serio, y más en la sociedad en la que vivo, que es la sociedad del centro de Londres de 1758. Yo, soy mujer autosuficiente y siempre lo he sido, por lo que se me considera presa fácil, aunque mi madre siempre me dijo mientras estuvo en vida que no era posible ser independiente siendo mujer, algo normal, ya que era prácticamente esclava de mi padre hasta que ambos murieron. Mi hermano William siempre me animó a serlo y a no necesitar a ningún hombre, y aún menos a mi padre que tanto nos maltrató a mí y a William. William era un chico de talla alta, complexión fuerte y rasgos faciales nórdicos, algo que sumado al poder económico y político familiar hacía que fuera el centro de atención en el club social y en la urbanización, sobre todo entre las mujeres de todas las edades. Desgraciadamente los perdí, a todos ellos, sufrimos un accidente con una chimenea... Nadie sabe cómo fue, pero realmente yo estoy segura de que la culpable fue la adicción a la bebida de mi padre, banquero de profesión. En aquel accidente sólo sobrevivimos dos personas, yo y James, el que fue esclavo de la familia desde que nació hasta el día del accidente, en el que me salvó la vida, día que le concedí la libertad. Aquel fue el momento en el que realmente me convertí en una verdadera mujer y siguiendo los sabios consejos de James emprendimos una vida nueva juntos él y yo. Yo aprendí la profesión de mi padre mientras él vivía y eso me fue suficiente para un nuevo hogar y contratar a James, dándole una habitación en mi casa.

Volviendo al presente, o mejor dicho a un pasado más cercano, lleguemos al día del robo. Un viejo amigo de la familia me ofreció invertir una alta cantidad de dinero en su empresa, por lo que lo invité a cenar para cerrar el acuerdo. Ese viejo amigo era John, un chico algo mayor que yo, aunque aparentaba menos, ya que aún conservaba las pecas de su adolescencia, algo típico en los pelirrojos. Aparte de mi salario de un año completo me pedía que invirtiera las joyas de la familia, que aunque me costó mucho esfuerzo por su valor sentimental admití que debía venderlas. Cuando cerramos el trato y llegué a la caja fuerte ví que estaba abierta... ¿Quién podía saber dónde estaba la caja fuerte? Sólo sabíamos su ubicación yo y James... ¡Claro, James! Este fue el momento de sospechar de James, o mejor de denunciarlo. Es que realmente sólo él podía saber la ubicación de la caja fuerte y aparte es que normalmente nadie tiene acceso a la casa, nadie excepto James. Decidí denunciarlo ante la policía para poder conservar el honor familiar. Como James era negro, no hizo falta una investigación ni un juicio. Tras varios días de tortura, para intentar que James confesara y devolviera las joyas. James murió accidentalmente, o, al menos, eso dijo la policía. Lloré y lloré, pues James y William fueron las únicas personas a las que llegue a querer y ambos están muertos. Tras varios días en los que sólo pensaba en ellos me dí cuenta de que James en cierto modo se lo merecía, pues él se lo había buscado, aunque le agradezco que me salvase del incendio, eso sí.

Para asegurarme de la culpabilidad de James, contrate un detective por mi cuenta, días después de la muerte de James... alquien tan importante en mi vida no podía haber decidido desaparecer sin más, ¡yo confiaba en él! Cada vez me siento más ahogada, ahogada en un mar de problemas y dudas...

Tras horas de investigación el detective me dió la noticia, James era inocente, pues había pelos rojos junto a la caja, aún abierta y las pisadas no coincidían con el pie de James. Ese detective determinó mi destino, ya que me mostró lo que la frustración me prohibió ver, pues el autor del robo no fue otro que John, el viejo amigo de la familia... ¿Cómo fue capaz de pedirme que invirtiera y aprovechar para robarme en una cena en mi propia casa? ¿Es que se va a librar del peso de la ley sólo por ser blanco y rico? Simplemente quise pensar que cuando mi padre murió ya no eran amigos, aunque ya eso no me consolaba, en lo único que he podido pensar desde ese momento hasta ahora es en que James murió por mi denuncia, por mi culpa, por mi frustración y por mi falta de confianza...

Ahora estoy aquí, junto a la caja fuerte, la caja que destrozó mi vida, la caja de Pandora, escribiendo esta historia como forma de pedir perdón a James y como forma de homenajearlo. Siento mucho la muerte de James, mi error. Quizás ahora se lo pueda decir yo misma, ya que he decidido finalizar este martirio, en breves instantes estaré junto a él... Lo único que necesito es que James esté dispuesto a perdonarme.

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