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martes, 9 de marzo de 2010

VERANO 2008, Valencia

He llegado el momento de trasmitiros otra de las historias patéticas de mi vida. Os aseguro que todos los escritos que se engloban bajo este epígrafe están basados en hechos completamente reales, aunque a veces cueste de creer. Pero así es mi vida y con los años no sólo lo he aceptado sino que he desarrollado una serie de capacidades para tratar con seres surrealistas.
Ahí va el suceso: Como no, era verano y, como no, esperaba a mi querida María para dar una vuelta por las calles desiertas de la ciudad en la época estival. Solíamos quedar en una encrucijada de caminos entre mi parada del autobús y su hogar. Como siempre, mi querida amiga llegaba tarde. Enseguida noté la presencia de un hombre merodeando por las inmediaciones. En apenas unos segundos se había colocado a mi lado y había adoptado la misma postura que yo al sentarse. Se notaba algo desasosegado. Yo lo miraba con disimulo. Suspiraba y se lamentaba en voz alta, quizás esperando a que yo le preguntara algo, pero no lo hice. Entonces fue él quien se dirigió a mí.
- Perdona, ¿te puedo hacer una pregunta? Es que estoy un poco nervioso porque tengo una duda muy grande y no sé quién me la podría resolver. Y te he visto a ti que con esas gafas tienes cara de ser una persona inteligente y saber cosas y bueno… quería preguntarte si tu me podrías ayudar.
Lo primero que pensé es qué tendrían que ver mis gafas (ah, eran de sol) con mi inteligencia, pero ese hombre parecía desesperado por saber un dato que quizás yo tenía, así que le pedí amablemente que me planteara sus dudas. Reproduzco la conversación:
- Verás, es que me han contratado unos extraterrestres para coger pimientos.
- ¿Unos extraterrestres?
- Sí, unos extraterrestres. Necesitaban gente para recoger pimiento en el campo y he empezado a trabajar con ellos.
- Anda, ¿y de dónde son?, ¿y cómo son? Es que yo siempre he tenido curiosidad por saber cómo son los extraterrestres.
- No sé de qué planeta son. Son verdes y cabezones y tienen tres dedos en cada mano. Pero eso no es lo que me preocupa.
- Ahhh, ¿entonces qué te preocupa?
- Bueno, es que me hacía falta el trabajo y ellos me lo ofrecieron. El caso es que ahora me da miedo por si se montan en su platillo volante y se vuelven a su planeta sin pagarme a fin de mes.
- Pero vamos a ver, buen hombre. ¿Le han hecho contrato los extraterrestres?
- Sí…- ¿Y le han dado de alta en la Seguridad Social?
- Pues eso no lo sé.
- Mire, lo que tiene que hacer es revisar su contrato. Si está dado de alta en la Seguridad Social planetaria y está cotizando en la tierra, no se tiene que preocupar porque las instituciones de aquí se harán cargo de un subsidio en el caso de que los extraterrestres no le paguen. Si en el contrato observa que está dado de alta en el servicio sanitario de otro planeta, entonces tendrá que pedirle a los extraterrestres que le den una garantía de pago…
- Pues no había caído en mirar eso. Muchas gracias. Ya sabía yo que tú eras una persona inteligente. Me voy corriendo a casa a revisar el contrato. No sé cómo agradecértelo.
- Anda hombre, no hay por qué dar las gracias, "pa' eso estamos". Vaya a casa a mirar lo que ha firmado y no se preocupe.
Aquel hombre se fue corriendo como alma que lleva el diablo. Y yo... yo todavía lo estoy asimilando. Me pregunto algunas veces si yo había fumado algo, pero no lo recuerdo... también me pregunto, como no, si ese hombre estada en buenas condiciones mentales...

Miro atrás y pienso definitivamente que este tipo de cosas son las cosas que hacen bella y única esta vida, aunque ya no he vuelto a ir a ese parque...

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